Día 0
Ayer en un arranque espontáneo de moralidad, catolicismo, irracionalidad y un poco de sentido común me puse a pensar: ¿Qué puedo sacrificar para cuaresma?
La respuesta me llegó relativamente fácil; como si mi conciencia le hubiera pedido copia, en un examen sorpresa, a mi subconsciente, quien además se comportó como ese un sabelotodo ansioso por responderle a una maestra preguntona: alcohol y carne.
No se por que no cuestioné mi decisión, que además estar bastante clara, hasta empecé a buscar ideas para explorar en este tenebroso mundo del vegetarianismo al que tantas veces le he huido.
Recientemente he me he querido preocupar mas por mi salud (y por la idea que la calaca no me busque muy temprano en la vida) y creo que si dejo (al menos momentáneamente) tanto el alcohol como la carne, puedo crearme esa idea de estar haciendo algo al respecto.
Adicionalmente, existe otra razón por la cual quiero hacer esto, y es por que es difícil. En miras de hacer algo considerablemente sacrificado pero dentro del reino de lo realizable y romper una tendencia a procrastinar algunas cosas en mi vida he decidido realizar este experimento personal. Como oferta de carnaval, de ribete, voy a guardar mi experiencia, en algo al lo que no le quiero llamar un Diario (otra cosa que nunca hago).
Mañana, miércoles de ceniza arrancan mis 40 días de abstinencia de alcohol y carne pero estoy pensando si le agrego ejercicio a esto, pero creo que lo decidiré mañana en el transcurso del día.
Hoy me ceno 2 bifes de puyaso que quedaron del fin de semana para iniciar con pie derecho.
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